MADRID.- La derecha española ganó con una histórica mayoría absoluta las elecciones legislativas, llevada al poder por un país sin grandes ilusiones que castigó duramente al saliente gobierno socialista con su mayor derrota desde la vuelta a la democracia por aplicar unas medidas de austeridad que los conservadores prometen acentuar. Decepcionados por la ineficacia de los planes de rigor impuestos por el gobierno saliente, una mayoría de españoles dio la espalda a los socialistas -en el poder desde 2004- y puso en la derecha su última esperanza de salir de la crisis en unos comicios que contaron con un 71,7% de participación.
El conservador Partido Popular (PP), liderado por Mariano Rajoy, de 56 años, se alzó, con más del 99% de los votos escrutados, con el 44,59% de los sufragios y 186 diputados de los 350 que forman la Cámara Baja del Parlamento, superior a su récord histórico logrado en 2000 (183 diputados).
Al contrario, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sufrió el peor descalabro de su historia al caer de 169 diputados a 110, por debajo de los 118 diputados que logró en las primeras elecciones en 1977, recién salidos de la clandestinidad tras el fin de la dictadura franquista.
"Gracias a vosotros y a mi partido, estamos aquí y podemos decir que tenemos una mayoría muy importante en el Congreso y en el Senado", lanzó Rajoy desde el balcón de la sede del PP en Madrid a sus votantes, que le recibieron con aplausos y gritos de "tú, sí que vales". Advirtió que su prioridad será la lucha contra "el paro, el déficit, la deuda excesiva, el estancamiento económico y todo aquello que mantiene a este país en estas críticas circunstancias", pero aseguró que "no habrá milagros".
La congelación de las pensiones, el retraso de la jubilación hasta los 67 años, la reducción del salario de los funcionarios y la subida de impuestos no lograron atajar el avance del desempleo (21,52%), que afecta a casi cinco millones de personas, ni reactivar una economía que creció 0% en el tercer trimestre y 0,2% en el segundo.
Tampoco bastaron para tranquilizar a los mercados, que tras haber hecho caer a varios gobiernos europeos, en los últimos días habían mantenido a España bajo una fuerte presión, convirtiendo al gobierno socialista español en una nueva víctima de una crisis económica.
Tras reconocer su derrota, el candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, que compareció solo, aseguró que, desde la oposición, "vamos a trabajar con todas las fuerzas para conseguir la recuperación de la economía y el empleo".
Con estas elecciones "se habrá completado un proceso no escrito ni planificado de sustitución de los gobiernos en todas las economías europeas consideradas periféricas: Grecia, Irlanda, Portugal e Italia, además de la propia España", consideraban los analistas financieros.
"La tarea que tenemos por delante no va a ser fácil", dijo Rajoy, que en días anteriores había prometido un fuerte adelgazamiento de las administraciones públicas para atajar el déficit -que en 2010 fue de 9,3% y este año se debate por llegar al 6%- y reducciones fiscales para estimular una economía que no logra despegar desde la crisis de 2008 y el estrepitoso estallido de la burbuja inmobiliaria española.
Con esta mayoría absoluta, el PP podrá gobernar solo, sin tener que recurrir a pactos parlamentarios con grupos minoritarios como los nacionalistas catalanes o vascos, estos últimos derrotados este domingo por la nueva coalición independentista vasca Amaiur.
Amaiur, formada por el entorno de Batasuna, ilegalizada en 2003, y los partidos independentistas Aralar, Alternatiba y Eusko Alkartasuna, logró siete escaños en su vuelta al Congreso tras 15 años, por encima del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que pasó de seis a cinco diputados.
Pero, las nuevas medidas de rigor prometidas por la derecha amenazan con desencadenar nuevas protestas sociales. Más de 35,7 millones de electores estaban llamados a las urnas para elegir a sus 350 diputados y 208 senadores entre casi una veintena de formaciones nacionales y regionales. (AFP-NA)